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Incrustado entre Francia y España,
el principado de Andorra es uno de los mas interesantes
destinos a la hora de visitar los Pirineos. Su capital,
Andorra la Vella es una diminuta pero
hermosa población de no más de 40 mil
habitantes que recibe a turistas y viajeros de todo
el orbe.
Situada a una altitud aproximada de
1013 metros, ha sido la capital del
principado desde 1278 y se encuentra en medio de la
confluencia de los ríos Valira del Norte
y Valira de Oriente. Su población esta comprendida
por diferentes nacionalidades, donde una mayoría
española convive con franceses, portugueses,
andorranos y algunas otras minorías étnicas.
Aunque el idioma oficial es el catalán, también
se habla castellano, portugués y francés.
Por ser un principado, la economía
de Andorra y en especial la de su capital
es un verdadero paraíso fiscal. Este factor ha
favorecido enormemente la movilidad de capitales e inversiones
extranjeras, las cuales, además del turismo son
los motores del sistema económico andorrano.
No solamente se puede ir a Andorra
a esquiar o a hacer montañismo.
De igual manera, los encantos de su pequeña capital
parten del Barrio Antiguo. Lleno de casas de piedra,
se extiende desde la iglesia de San Esteve, una construcción
del siglo XI, hasta la placeta
del Puial.
Cerca de ahí, se encuentra la
plaza del pueblo la cual alberga el edificio administrativo
del Gobierno de Andorra. En sus espacios
se puede disfrutar de exquisitas veladas que pueden
ir, desde in concierto hasta una buena obra de teatro.
Uno de los lugares mayormente atractivos del casco antiguo,
es el edificio del Parlamento. Conocido como La
Casa del Vall, fue construido originalmente
en 1580 como una casa de familia y
sirve igualmente de Salón de la Justicia, la
única corte de este poblado.
Otra imprescindible opción,
es visitar la Iglesia de Santa Coloma. Fue edificada
entre los siglos IX y X y es de estilo
pre-romanesco. Su campanario circular data del siglo
XII lo cual representa la construcción
mas antigua del lugar. Por ser una pequeñísima
aldea, Andorra la Vella no esconde
su identidad y su fijación por las pequeñeces.
Existen dos museos dedicados a las cosas pequeñas,
los cuales coexisten con el Museo del Coche.
Otras opciones museísticas son el Museo de las
Matrioshkas, el Museo Postal y el Museo Iconográfico
de San Jordi.
Para los amantes de la buena gastronomía,
la Plaza Guillermo del Barrio Antiguo acoge varios restaurantes.
Luego de aprovechar las bondades del duty-free
y haber ido de compras por la Avenida del Príncipe
Benlloch y la Avenida de Meritxel, lo mejor es irse
a relajar al Spa Caldea y calmar el
frío en un sauna y recibir un buen masaje.
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